

Todo café tiene una historia, pero no todas saben contarse tan bien como la de un grano que nace entre volcanes, suelos minerales y lluvias exactas de montaña. El sabor característico de Occicafé no es casualidad: es ciencia, tradición y naturaleza trabajando juntas.

El proceso inicia con la selección manual del fruto perfecto. Luego, cada lote pasa por fermentaciones controladas que potencian notas dulces, florales y frutales. No se trata solo de técnica; se trata de respeto por el tiempo de la naturaleza.
Pero la verdadera magia sucede cuando el grano se tuesta. Allí se define su personalidad: ¿será un café con aromas a miel? ¿A chocolate? ¿A frutas amarillas? El maestro tostador escucha cada crujido del grano y decide su destino.
El resultado final es un café que despierta sentidos, conversa con la memoria y te invita a descubrirlo sorbo a sorbo.
